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martes, 15 de marzo de 2011

Mi Libro: Al Traves de la vida

Discurso pronunciado por el Doctor Gerardo Delgado Silva en el lanzamiento de su libro “Al Través de la Vida”, en la Casa del Libro Total. Marzo 9 de 2011.

MI LIBRO: Al Traves de la vida

Como he recorrido la mayor parte del camino vital, es fácil explicar mi decisivo apego al presente, porque sé que aun puedo pensar, escribir, “pero sin dejarlo para mañana”; realicé esta compilación sin afanes de exhibición, a que soy refractario, si no por motivos de gratitud, de amor, partiendo de los míos, y sumergido por completo en los valores que aprendí de niño y que es necesario defenderlos y salvar el efecto benéfico que tiene en una sociedad como la nuestra, en la cual se encuentran tan descaecidos ya, a causa de la corrupción de los tiempos; en la seguridad de que con ello estoy protegiendo los principios fundamentales, que rigen la conducta humana, y por tanto determinan que es lo bueno y lo justo. He querido despertar la conciencia pública, tenazmente enmascarada y eludida.

No podía ser verdadero en el amor al prójimo y a los valores eternos, a la justicia, y al mismo tiempo indiferente a las tribulaciones de los compatriotas humildes y desvalidos, que por millones han estado padeciendo sin esperanza, sin que se escuchara su voz, y lo que es peor, sin piedad ni compasión, como el execrable episodio con las víctimas. Es decir, que han vivido con intensidad la honda dislocación que sufre Colombia. No he estado dispuesto a callar o dejar de expresar mis conceptos públicamente, menos ante la desoladora visión de Colombia, sin Estado de Derecho, ni derechos humanos. La de un Estado con destrucción institucional, y en situación de desmesura del Gobierno, preso de los caprichos en estos ocho años pasados, de los paramilitares y narcotraficantes.

Al país hay que rehacerlo. Quizás la resolución con la cual el actual Gobierno está entregándose a esta labor de sanidad espiritual, alcance al finalidad redentora de devolverles a los Colombianos la seguridad de poder vivir y avanzar protegidos en sus derechos fundamentales y dispuesto a librar valerosamente la batalla contra toda clase de hampones altos y bajos. En el inevitable proceso de rehacer al país, se ponen de manifiesto los incontables ejemplos de genocidios encubiertos llamados eufemísticamente “falsos positivos”, que harían avergonzar hasta los hombres de la edad de piedra. Esto, como los magnicidios de las Farc o de los paramilitares, han acarreado el mayor percance psicológico, moral y jurídico que fuera imaginable al hombre colombiano y a la estática de la sociedad. El oprobio de Agro Ingreso Seguro y Carimagua; la impostura de las desmovilizaciones guerrilleras y paramilitares; los seguimientos e interceptaciones delictuales a los magistrados y a la oposición; la Dirección Nacional de Estupefacientes convertida en un albañal. ¿No es esto el vórtice dantesco de Colombia?.

Porque lo que vivimos no era un designio divino. Fue la consecuencia de políticas abyectas que hay que remediar. No se trata tan solo de una inclinación irrevocable del espíritu de los colombianos, sino también de un deber.

Es por eso precisamente, por lo que en el libro no me canso de clamar por un acto de enteresa pública, que congregue a la nación en defensa de sus valores morales y políticos, abolidos; clamo también por la defensa del prestigio de Colombia y de nuestra vida republicana ante el mundo; en defensa de una cultura de la vida; en defensa de una sociedad que incluya a todos. Porque la Nación toda, está en la obligación de tener conciencia de que sin Dios, ley y moral, no puede haber progreso, fe ante los desafíos y fuerza para sortear todas las dificultades que se derivan de la corrupción.

El deber del escritor y del poeta, es escribir sobre el respeto a los principios que deben inspirarle. Esta es una finalidad trascendente: la de sobrevivirse.

Estoy persuadido de los defectos que puedan contemplarse en mi libro, no obstante, mi afán perfeccionista. - Causante de mis canas, según una exalumna, hace muchos años -. Por ello, quiero consignar aquí, las palabras sabias de Thomas Mann: “…esta lucha por la perfección no sea tal vez sino miedo a la muerte”. Lo cual hace comprensible la reflexión de Unamuno: “…Y como el hombre es mortal, la única inmortalidad posible para él, es dejar algo tras de sí que sea inmortal, es decir, que siga moviéndose…”

Considero este libro magníficamente editado, como el resultado perdurable de mi insurgencia permanente por la probidad; de la defensa intolerante del decoro integérrimo. El sello que obedece al imperio de la ley y la dignidad de la justicia; un acto de fe en las tradiciones de la patria republicanademocrática reflexionando hondamente sobre su destino y el de la humanidad, como una inclinación irrevocable de mi alma.

No debo terminar sin hacer público mi reconocimiento a mi gran amigo de infancia, hombre cultísimo, doctor Eduardo Serrano San Miguel, quien con la presentación del libro, ha ensanchado el ámbito de mi espíritu, con la proceridad de su casta. Gracias al doctor Oscar Humberto Gómez Gómez, quien con sus palabras me ha privilegiado inmerecidamente en el prólogo del libro. Son puntales que ayudan a la obra a sostenerse y a prevalecer. El prologo majestuoso, excelente, es una voz jubilosa, inextinguible y esperanzadora, que evita que la obra se pierda en la inanidad de lo efímero.

Gracias sin linderos a la Casa del Libro Total, por la impecable “Diagramación, Impresión y Encuadernación” que a no dudarlo está a la altura de las mejores del mundo.

Desde luego que es la presencia del corazón noble de ustedes, amigos todos, significativa del mayor alcance, lo que logra con tanta generosidad, en este templo de la cultura, que mi modesta vida se torne histórica.

Gracias, muchas gracias.
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